Mi punto de vista:

Emigrar a España fue para mí una decisión de la que no me arrepiento en  absoluto.

Recuerdo nuestros primeros meses en Andalucía, parecía como si nos hubiesen catapultado desde el futuro hacia el pasado en una máquina del tiempo. También en el aspecto culinario fue un cambio radical.

En ese tiempo encontrar el pan integral multicereales o pan con mezclas de semillas era un desafío. Sólo encontraba baguetas, pan blanco o pan negro. El otro tipo de pan venía en  bolsas de plástico y se denomina aquí “Pan Bimbo”. (No lo puedo expresar mejor ‘pan para bimbos, en pocas palabras, ‘para cabezas huecas’). En aquel entonces nos resultaba realmente frustrante no poder contar con una gran variedad de productos. Pero ahora, lo he entendido mejor. En la cocina española el pan no es (o mejor dicho no era) una prioridad. Sólo por la mañana, alrededor de las 11.30 se consume un pequeño sándwich con tomate y aceite de oliva. Ahora, 13 años después, los españoles se sienten muy satisfechos de poder elegir dentro de una gran variedad de panes y pasteles. Para ellos, un verdadero progreso… aunque… de buenas a primeras se reemplazaron sus platos tradicionales por recetas con pan. ¿Y por qué? ¿Por pereza?

Anteriormente, las madres (o las abuelas que convivían con la familia) se quedaban en casa y se ocupaban de los niños, las tareas domésticas y del resto de la familia. Al menos dos veces al día, se preparaban alimentos frescos con verduras de la temporada. En la actualidad y por necesidad, ambos padres abandonan el hogar cada mañana para ir a trabajar, por lo que es muy  fácil sustituir una de las comidas del día completamente por pan.

 

¿Progreso? Tengo mis dudas sobre eso.

La prosperidad y la tecnología evolucionan rápidamente y todos nosotros nos precipitamos detrás de ellas. Ahora todo se planifica. Tanto es así que nosotros con nuestro reloj nos convertimos dentro de poco en uno solo.

Con nuestras prisas, nos olvidamos de pensar en lo que es realmente importante. Nuestra alimentación debería convertirse nuevamente en nuestra prioridad número uno. Qué y cómo comemos nos proporciona el combustible que nuestro cuerpo necesita y no sólo a los músculos sino también al cerebro y al sistema inmunológico. Nos confiamos demasiado en la industria que nos ofrece platos ya preparados.

En este contexto, la comida basura es una gran tentación.

 

Todos los días tenemos que tomar decisiones.

Encontrar alimentos solía ser una tarea a tiempo completo ya que se acostumbraba a salir con la lanza para ir de caza o de pesca. Hoy en día, incluso una visita al supermercado resulta, a menudo, ya para muchos agobiante por las cargadas agendas de trabajo. Anteriormente donde la alimentación ocupaba un lugar primordial, recibe apenas atención en la sociedad actual. Deberíamos ir de caza como antes, de caza con el carrito de la compra en el supermercado, en busca de alimentos auténticos. Dedicar tiempo a leer las etiquetas e ir en busca de productos frescos, sin preparar. En comparación con hace unos años atrás, ahora llevo mi carrito hasta la mitad pero de frutas y verduras frescas. A menudo escucho decir que los productos frescos cuestan más. Puede ser que sea así pero entonces elimine todos los productos innecesarios de su compra y destine su dinero a aquellos alimentos que son realmente nutritivos.

 

Los niños y la educacion:

Hace poco llevé a mis hijos a la clase de verano en la piscina. A mi lado se sentaron dos amigas que acababan de ordenar el desayuno. En ambas se apreciaba claramente el sobrepeso. Cuando les trajeron su desayuno, yo no podía creer lo que estaba viendo; dobles tostadas con queso, jamón y tocino, una Coca-Cola, una bolsa de patatas fritas y de sus bolsos sacaron además pasteles de chocolate. Sus hijos fueron también a la clase de natación y por desgracia vi el mismo problema de peso en ellos. Después de la clase, fueron invitados a una tostada con jamón y queso y una bolsa de patatas fritas con cola… lo que ya habían consumido durante el desayuno.

Al observar detenidamente el grupo de niños que participaron conté 17 participantes y 6 de ellos tenían sobrepeso. En este caso, ¡1 de cada 3 !!!

Como adulto, usted es responsable de su propio peso y estilo de vida. Pero como padre usted tiene una función educativa. Los niños imitan el comportamiento de sus padres o personas de su entorno inmediato. Lo que se aprende en la cuna se lleva a la tumba, así dice un viejo proverbio y yo lo creo, también en lo que respecta nuestra dieta. No estoy afirmando que esto siempre es así, pero admita que el origen de su conducta alimentaria se ha desarrollado en su propio hogar.

Es por eso que trato que mis hijos, en la medida de lo posible, sean conscientes de la forma en que se alimentan. Les enseño, por ejemplo, a leer las etiquetas. Mi hija de cinco años a veces pregunta la cantidad de azúcar que contienen ciertos jugos de frutas… y mi hijo, con solo siete años de edad ha decidido no comer más carnes iniciando así su lucha contra las verduras… Por supuesto que a veces comen patatas fritas y beben una coca cola. Creo que no es una buena idea prohibir esas meriendas dulces o saladas. Por el contrario, les enseño a ser conscientes de la forma en que las consumen.

Sólo puedo confiar en que continúen por este camino y mantengan un estilo de vida saludable.